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18 jul. 2011

Capítulo Cinco

-Tom, cuando salgas de a ducha vístete, ¡que nos vamos al videoclub!
-Vale, ¡pero sácame algo de ropa!
Daniela se dirigió a la habitación de Tom. Abrió el armario, algunas ropas estaban colgadas, otras aún en sus respectivas bolsas y con etiqueta. Sacó un pantalón vaquero oscuro largo de una bolsa de H & M y eligió una camiseta de manga corta, azul oscura y con unas letras de colores de Springfield.
Dejó el conjunto sobre la cama, y le sacó las DC azules y negras del armario y las puso debajo de la ropa, en el suelo.
Cuando se disponía a salir, la mochila beis oscura, desgastada y vieja, llamó su atención. Rebuscó dentro, en el bolsillo superior. Encontró un par de jerséis negros, un par de pantalones de chándal grises y cuatro camisetas, dos blancas, bueno, que eran blancas, y otras dos marrones. De repente se dio cuenta de que algo brillaba bajo la ropa. Oyó pasos. Oh, no. Guardó la ropa que había sacado rápidamente en la mochila y la cerró, tal y como la había dejado. En cuanto iba a salir Tom abrió la puerta:
-¡Qué bien se ducha uno en tu ducha!
-Sí, la verdad…
-Me voy a vestir.
-¡Te espero en el salón!
Daniela se sentó en el sofá y se retocó el pelo con las manos. “¿Qué era eso?” pensaba ella. Intentó quitárselo de su cabeza, tenía que preocuparse de otras cosas.
A los diez minutos Tom ya se había vestido y se había secado y peinado el pelo.
-¿Vamos?- le preguntó a Daniela.
Ella asintió con la cabeza.
-¿Cuánto cuestan más o menos las películas?

-Bueno, yo no las compro, yo las alquilo… alquilarla por un día cuesta 2 euros por película. Pero si alquilas dos películas por un día, en vez de valerte cuarto euros, te valen tres euros con setenta y cinco. Es una especie de oferta.
-Ah, claro, entiendo… ¿Y cómo se llama el sitio?
-Videoclub.
-Ah, sí eso.
Fueron en moto, y tardaron unos cinco minutos.
-Eh, Dani, que rápido hemos llegado…
“Dani. Nunca, nunca me había llamado así. Quizá empiece a coger confianza”.
Daniela sonrió.
-Me has llamado Dani.
-Qué va.
Daniela quiso picarle.
-¡Me has llamado Dani!
-¡Qué dices tú!
-Dani, Dani, ¡me has llamado Dani!
-Vale, ¿te gusta que te llamen Dani? Dani, Dani, Dani, Dani, Dani, Dani, Dani, Dani, Dani, Dani, Dani, Dani…
-¡Vale ya pesado!
-Te ha gustado, ¿eh?
-Sí, sí… anda, entra.
Entraron en el videoclub. Tom se impresionó. Era enorme, y tenía cientos y cientos de películas, ordenadas por distintos temas, como por ejemplo, él leyó: amor, guerra y venganza. Las dos últimas le parecieron algo crueles para ser temas de película.
-¿Dé qué tema veremos las películas?
-No sé, pero prefiero que sean de distintos temas. Primero vemos podemos ver una triste y luego la otra para alegrarnos.
-Vale, primero vemos una de drama, de amor pero de estas que terminan mal, que terminas llorando… y después podemos ver una de risa.
-¡Genial!
Recorrieron pasillos, vieron portadas de películas, se rieron con unas y les entró el miedo con otras. Otras muchas eran absurdas y la mayoría le sonaban a Daniela. Y era increíble la cantidad de películas que había y que no se repitiera ninguna. Había títulos que se parecían, y argumentos que tenían algo que ver. Actores o actrices que aparecían en dos películas seguidas, o algunos que no los habían visto en su vida. Gente guapa, gente fea, directores buenos, y otros no tanto… un mundo por descubrir para Tom.
Poco después, llegaron al mostrador con dos películas en la mano: 3MSC y Spanish Movie.
-Tres euros con setenta y cinco, por favor.- Pidió la chica del mostrador.- ¿Su nombre es?
-Daniela Watt- respondió ella.
En ese momento Tom se quedó paralizado. Daniela Watt. Era la chica a la que quería matar. Sí, ella. ¿Ella no merecía vivir? Entonces la miró, la miró a los ojos. Recordó todo lo que había aprendido gracias a ella, lo guapa que era, sus ojos, sus besos, sus preguntas, sus maneras de enseñar las cosas… y decidió. “No la voy a matar”, pensó, “hoy mismo tiro la navaja”. Y sonrió para sí. Y le pareció el momento de decirle a Daniela que la quería, pero se dio cuenta de que estaba en un sitio público y no podía hacerlo.
-Vámonos- le dijo de pronto Daniela.
Él fue tras ella, se montaron en la moto y regresaron. Llegaron a la casa alrededor de las seis.
-Mira, Tom, tengo estos menús, que son de restaurantes que traen comida a domicilio.
-A ver.
-Hay: Hamburgueserías, pizzerías, kebabs, restaurantes de comida normal, eso sí, más caros…
-Un día comí una hamburguesa, ¡quiero cenar eso!
-Vale, pediremos ahí.
Se divirtieron eligiendo las hamburguesas, riéndose por los ridículos nombres que los dueños les habían elegido… Como dos novios enamorados.
A las nueve, los repartidores a domicilio legaron y les entregaron todo. Daniela pagó. Tom puso la mesa del salón más apartada del sofá, para poder abrirlo y convertirlo en una cama, tal y como Daniela le explicó. Comerían apoyados en la mesa, sentados al borde del sofá cama, mientras veían la película, pero cuando terminaran de cenar, la verían con la espalda apoyada a la pared, y tapados por las mantas. ¿Era un buen plan?
-Aquí trago todo.- Daniela iba cargada con las dos hamburguesas, que las había puesto en dos platos distintos, con las patatas repartidas en un plato y las dos latas de Coca-cola.
-¿Primero que peli vamos a ver?- preguntó Tom. Mientras, Daniela lo colocaba todo. Cuando terminó de poner las cosas en su sitio, dijo:
-Tres metros sobre el cielo, que dicen que al final se llora mucho.
Daniela sacó el CD de la caja y lo metió en el reproductor DVD. Tocó un botón en el reproductor, cambió al modo AV2 en la televisión y la película empezó.
Tom la miraba casi sin pestañear, y solo apartaba la mirada para darle un mordisco a la hamburguesa, beber un trago de Coca-cola o comerse una patata. Daniela en cambio estaba algo nerviosa. Quería… quería preguntarle a Tom, quería pedirle salir de verdad. No sabía exactamente cómo hacerlo, no sabía si Tom le iba a entender o le iba a mirar como si fuese lo más raro que le habían preguntado en la vida.
Había muchas cosas que Tom no entendía de la película y que Daniela le explicaba, hasta que llegaron a la parte de la película en la que lo que se ve, es casi todo romántico. Ahí parecía que Tom entendía todo. Un poco después de que empezara el tramo romántico, terminaron de comer. Daniela apartó la mesa, porque no le apetecía nada ponerse a recoger. Se sentaron apoyados a la pared, y siguieron viendo la película.

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