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19 jul. 2011

Capítulo Seis.

Poco después de haber terminado de cenar, empezaron las escenas tristes de la película. Al principio Daniela no parecía muy afectada, pero Tom comprendió que era muy sensible cuando, al cabo de un rato, empezó a llorar. En realidad no lloraba, solo echaba lágrimas por los ojos, porque no sollozaba, aunque a ratos sí que gemía.
En uno de estos, se apoyó en el hombro de Tom. El acariciaba su pelo, suave, más suave que la seda, probablemente por su champú de camomila. Daniela se calmó al poco, y se centró otra vez en la película. Después se acordó de lo que le quería decir a Tom… y su cuerpo se llenó de nervios.
Tom, al contrario, estaba muy tranquilo, viendo aquella película que cada vez le parecía más aburrida, pero se divertía toqueteando el pelo de Daniela.
-¿Apagamos la luz?-propuso ella, con una voz triste y dulce a la vez.
-Vale, no te muevas, ya la apago yo.
Tom se levantó, se dirigió al interruptor y apagó la luz. Volvió a su sitio, pero esta vez se tumbó, porque le dolía algo la espalda, de haber estado tanto tiempo sentado en aquella superficie tan dura.
-No entiendo cómo esto te hace llorar…
-Yo sí. Tú ves la película como si fueras el espectador… yo la veo como si fuera el chico dolido.
-Ah, ¿y por qué lo haces?
-Me sale solo, supongo.
Tom se rió por lo bajo, y Daniela lo acompañó. Era una situación un tanto ridícula.
Siguieron viendo la película, Daniela también se tumbó, y apoyó su cabeza en el pecho de Tom. A veces volvía a llorar, otras veces le salían ligeras carcajadas porque Tom le hacía cosquillas queriendo…

Una media hora después la película terminó, y ambos seguían en la misma postura. Daniela giró la cabeza, le miró a Tom a los ojos, y le preguntó:
-¿Te apetece ver la segunda película?
Tom se lo pensó un momento, pero Daniela fue más rápida.
-Si no, podemos hacer otra cosa…
-¿Qué cosa?
Daniela acercó su cara más a la de Tom. Dirigió su boca a su oreja y le susurró.
-Algo más divertido…
Tom creyó haber entendido algo… Daniela giró la cabeza, pero no se apoyó en ningún sitio. Sí, Tom lo entendió bien. Daniela acercó sus labios a los de Tom, y lo besó. Y Tom siguió, algo asustado por si había entendido bien lo que Daniela le quería decir…
-Tom, te quiero.
Y volvió a apoyar su cabeza en el hombro de Tom, porque el beso había terminado.
-¿Salimos a bailar a tu terraza?- propuso Tom
-Me parece bien.
Daniela sacó una radio con lector de CD. Tenía un CD con canciones románticas de discoteca, y llevó la radio con el CD dentro a la terraza. Lo dejó apoyado en una hamaca blanca, que parecía gris, con la oscuridad de la noche.
Puso la primera canción, y cuando se quiso dar la vuelta, Tom ya le había sujetado, tenía sus brazos alrededor del cuello de Daniela. Se fijó mucho la noche anterior en la forma de bailar de la gente, y lo quería probar.
Ella lo miró, y después sonrió, con los ojos cerrados. Se movían lentamente, al ritmo de la música… y en ese momento les pareció que todo era perfecto, les pareció estar en el lugar adecuado, en el momento adecuado. La noche, la música, la persona con la que bailaban, el ambiente… todo era perfecto para ellos en ese momento, nada los podía interrumpir.
Seguían bailando, todo era perfecto… pero la canción terminó. Y fueron cuatro minutos y veinticinco segundos en los que ambos se dieron cuenta de que estaba hecho el uno para el otro, que habían nacido para ser unidos. Y esta vez Tom fue el que habló, pero no con un beso:
-Daniela.
-¿Qué…?
-Tú sabes que yo no sé muchas cosas…
-Sí.
-Te quiero preguntar una un poco especial…
-Dime
-Tú y yo….
-¿Sí?
-¿Somos… novios?
Daniela se sorprendió, y sonrió con una de sus pícaras sonrisas.
-¿He hecho una pregunta muy ridícula?
-No sé… ¿tú crees que es ridícula?
-Pues…
-¿Tú crees que somos novios?
Tom se detuvo por un momento. Recordó lo poco que sabía sobre el amor, que era lo que había leído y oído por ahí.
-No sé…
-¿Pero te gustaría que lo fuéramos?
Daniela le estaba pillando por todos los lados.
-Sí.
Entonces le tocaba responder a ella. Pero no, no con palabras.
Acercó sus labios a los de Tom, y lo beso, muy cariñosamente, como nunca lo había hecho, su beso fue más dulce que nunca, más especial que nunca, fue el beso más especial que Tom y Daniela se habían dado nunca. Y el beso fue largo, muy largo, parecía no terminar nunca, pero a ellos no les importaba, les encantaba, era una sensación que ninguno de los dos había sentido nunca.

-¿Me quieres?- preguntó Tom
-Pues claro, claro que sí…
Eran palabras que sobraban, que el viento se llevaba, entre cada beso y cada caricia… Y todo el ambiente se llenaba de amor, eran alegres, felices, se besaban, se acariciaban, a veces sonreían, o dulcemente se miraban… y estuvieron así varios minutos, posiblemente varias horas… ¿Mucho tiempo? No, el amor no entiendo de tiempo, de prisas, de horas, de minutos, el a mor no es un desperdicio, el amor es algo perfecto, algo que quizá no se pueda describir con palabras, pero sí se puede sentir.
Cuando todo acabó, cuando ya creyeron cansarse de su primera hora amándose de verdad, decidieron ver la segunda película, por mucho que fueran las doce y mucho de la noche, por mucho que les conviniese más dormirse y descansar.

La película, supuestamente era para reír a carcajada viva, pero ellos, tumbados en la cama, abrazados el uno al otro y tapados con el edredón por el frío del aire acondicionado que no querían apagar, no se reían, sí sonreían, pero no le hacían apenas caso a la película, ellos se sumían en sus pensamientos, en sus ideas claras y otras no tanto, en el amor, en su amor.
Y tras la hora y algo de la película, decidieron quedarse ahí a dormir, sin tener que moverse, sin tener que sacar el CD del reproductor, sin tener que ponerse el pijama, sin tener que recoger los restos de la cena… simplemente amándose, queriéndose, siendo felices juntos, abrazados.

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