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2 ago. 2011

Capítulo Siete.

Al día siguiente se despertaron más tarde que lo normal, mucho más tarde que lo normal. Y habrían dormido mucho más tiempo de no haber recibido aquella llamada. Alrededor de las doce del mediodía, el móvil de Daniela empezó a sonar. Seguramente si hubieran estado despiertos el tono de llamada les hubiera resultado agradable, pero estando dormidos, les pareció el sonido más pesado y molesto del mundo. Tom fue el primero en levantarse, cogió el móvil de Daniela de la mesa de la cocina, regreso corriendo a la cama y se lo dio. Ella lo cogió y rápidamente pulsó la tecla verde, la tecla de coger la llamada. Era un número desconocido.
-¿Si?
-Hola, agencia de trabajos “oportunidades para todos”. Querríamos contactar con Tom Hanns. ¿Es usted?
-No, ahora mismo os paso con él.
Daniela le pasó el móvil a Tom. Él nunca había hablado por teléfono, pero había visto a mucha gente hacerlo.
-¿Sí?
-Hola, Tom Hanns, ¿verdad?
-En efecto…
Tom sabía hablar elegantemente.
-Queríamos contactar con usted para comunicarle la confirmación y su dado de alta a profesor de ayuda de química.
-¡Bien…!
-Trabajará en el colegio Zurbarán, según los datos que ha escrito, a doce kilómetros de su casa. Ayudará a niños de sexto de primaria, en la clase sexto A.
-Comprendo…
-Dará clase de diez a una, junto a Rebeca, una profesora de química, que exigió ayuda para dar clase por las escasas notas de los alumnos. ¿Tiene alguna duda?

-¿Cuándo comienzo a trabajar?
-Ah, sí, lo olvidaba, el próximo lunes. ¿Le parece bien, puedo confirmar su asistencia?
-Sí, por supuesto…
-Ah, y, también olvidaba decirle, le pagaremos según el cambio que genere en la clase, a partir de 300 euros semanales.
-Más o menos, ¿cuánto tiempo trabajaré?
-En el Zurbarán, menos de un mes seguramente, después le trasladaremos a otra escuela, tranquilo, siempre cercana a su casa.
-Vaya, pues genial…
-¿Algo más?
-No, no he comprendido todo.
-Vale, pues ya sabe, sexto A del colegio Zurbarán, el próximo lunes.
-Sí, gracias.
-A usted.
-Adiós.
-Adiós.
Tom entregó el teléfono móvil a Daniela y ella colgó la llamada.
-¿Qué te han dicho? ¡Cuenta, cuenta!
-Empiezo a trabajar este lunes, como profesor de ayuda de química, en una clase del colegio Zurbarán, en la clase de la profesora Rebeca, sexto A.
-Vaya…
Se quedaron en un momento de silencio, entonces Daniela dio un salto:
-¡Es genial! ¡Qué suerte!
Y saltó encima de Tom, lo sujetó por el cuello, lo abrazó, y entonces Tom perdió el equilibrio y cayeron de lado a la cama, y empezaron a reír, uno al lado del otro, a carcajadas, y entonces Tom empezó a hacerle cosquillas a Daniela, y ella le pegaba en broma a él… y de repente se quedaron en silencio. Un momento de silencio. Se miraron, se miraron a los ojos. Daniela se acercó a él. Y se besaron. Otra vez. Como la noche anterior. Como siempre y como nunca a la vez. Como a los dos le gustaba… como novios.
-Anda, ¡vámonos al parque de atracciones!- soltó Daniela
Tom se quedó pensando durante un rato, y entonces dijo:
-¿Qué tal si vamos mañana? Fíjate: hoy tenemos que recoger todo, la cama, la cena… y tenemos que llevar las películas también…
-¡No te agobies! Yo llevo las películas mientras tú recoges, después nos vamos para allí, ¿te parece?
-Bueno… ¡perfecto!
-Me preparo, desayuno algo, y me voy, tú si eso vete recogiendo y luego desayunas. Cuando yo vuelva ya elegimos una ropa.
-¡Vale!

Daniela se vistió y desayunó en un momento. Cogió las dos películas y se fue. Entonces Tom se sentó en la mesa, y empezó a beber la leche que Daniela le había dejado en la mesa. Pero de repente, se acordó de la navaja. Pero no pensó en matarla. Ya no. Ahora solo quería deshacerse de la navaja. La buscó en su mochila. La encontró. ¿Cómo lo haría? ¿Cómo deshacerse de la navaja? Entonces no se lo pensó. Abrió la puerta de la casa. Miró una zona donde no tocar ningún coche. La vio. Tiró la navaja con mucha fuerza. Estaba lejos. Muy lejos. La muerte de Daniela estaba lejos.
Cerró la puerta y empezó a limpiar.

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