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24 ago. 2011

Capítulo Once.

Cuatro días para la prueba. Tom se despertó como el día anterior, dispuesto a repasar más química en el colegio Zurbarán. Se despertó y encendió la luz de su habitación desde el interruptor situado al lado de la cama, y se quedó tumbado en ella, despierto, mirando al techo. No le apetecía levantarse, aunque estaba acostumbrado a madrugar, por el orfanato. Se quedó pensativo. Daniela. Lucía. Rebeca. Alex. Pensó en Alex. ¿Qué habría sido de él? Recordó su despedida. Alex confesó a Tom que era homosexual, y decidió irse, porque Tom encontró a Daniela, a quien buscaba, pero él todavía tenía que seguir adelante. Entonces entre pensamiento y pensamiento a Tom le entró hambre y decidió levantarse y desayunar.
Tom se vistió y salió de casa calculando llegar antes de las nueve. Para cuando llegó Lucía y el profesor ya habían llegado. Pero de todos modos no llegó tarde. Y aquel día, como en el anterior aprendió mucho. Al final de la clase, cuando el profesor, Mario y Eddie ya se habían ido, Tom se dirigió hacia Lucía:
-Eh, Lucía Ramos.
-¿Qué?
-He perdido tu teléfono.
-Pobrecito, necesitabas mi ayuda y no tenías mi número… anda dame tú el tuyo y ya te llamo yo.
Tom se quedó pensativo.
-¿Qué, no te lo sabes?
-No, no es eso…
-Entonces- Lucía fingió entristecerse.- no me lo quieres dar…
Tom cerró los ojos y suspiró.
-No tengo móvil.
Lucía estalló en una carcajada. Tom la miraba fijamente. Sí que era guapa, sí.
-¡Qué pringao!
Tom también rió.
-Anda tu tranquilo que te lo vuelvo a apuntar, aunque no sé de donde me llamarás…- y escribió su número en un trozo de papel y lo dejó en la mesa. Entonces Tom dijo algo… algo que no tenía que haber dicho:
-Desde el teléfono de Daniela.
La cara de Lucía cambio de repente. Sus ojos parecían más pequeños y su cara más pálida.
-Qui… ¿Quién es Daniela?
Tom se quedó sin respuesta. Lucía lo miraba a los ojos, pero él quiso apartar la mirada.
-Una… una amiga mía.
-Ya…
Daniela cogió su mochila y se fue, dando un leve portazo. Tom seguía mirando al suelo. Alzó la cabeza y vio el número de Lucía, escrito en una nota, y la nota sobre la mesa. La cogió, y la guardo en su cuaderno, entre la portada y una hoja, para que no se moviese y para que Daniela no la viera.
Tom regresó a casa a su hora, y Lucía a clase.
A Lucía le tocaba clase de lengua. En lengua las parejas se cambiaban para hacer todo tipo de trabajos, y Lucía se sentaba al lado de Andrea, una simpática e inteligente chica de su clase. Lucía pensó que, si tan inteligente era para todo, podía ser también buena consejera. De modo que, en un momento en el que la clase hablaba bastante alto y nadie les podía oír, Lucía le preguntó a Andrea:
-Andrea…
-Dime.
-Necesito preguntarte una cosa, y que me aconsejes lo mejor.
-A ver, cuéntame.
-¿Nos podemos enamorar de personas cinco, bueno casi cuatro años mayores que nosotros?
Andrea no se lo pensó mucho y en seguida respondió:
-¡Claro! El amor no entiende de edades, de sexos ni de razas. Además, parezca o no, cuatro años es poco tiempo de diferencia.
-¿Tú crees?
-Sí. Ya verás, tú pregúntales a tus padres, seguro que no son de la misma edad… por ejemplo mi madre tiene tres años más que mi padre, es algo normal. Y si quieres un consejo… yo creo que lo mejor será adivinar si ese chico tiene novia. Si no la tiene, intenta adivinar si le gustas tú, y simplemente lánzate. Y si la tiene… adivina cosas sobre ella e intenta superarla.
-¿Y tú y tu novio, cuántos años os lleváis? Ya seguiré tu consejo.
-Bueno, él es sólo un año mayor que yo.
Lucía sonrió.
-Gracias.
-De nada, para eso están las amigas. Bueno, sigamos con la redacción.
Lucía miró a Andrea. Además de simpática e inteligente era guapísima. Lo tenía todo. Lucía pensó en Tom, y en todo lo ocurrido. Si todo fuera tan fácil para ella…
En cuanto Tom llegó a casa sorprendió a Daniela ensayando unas poses con el temporizador de la cámara activado. Sabía que pasaría la prueba de las tallas, así que ensayaba la de los poses de fotos, aunque sin maquillarse, porque la maquillarían allí.
-Hola Tom.- Daniela cogió la cámara y la apagó.- ¿Qué tal hoy en clase?
-Genial.- Tom sonrió.- Y tú… ¿qué hacías?
-Nada…
-¡Dani que te he visto!
-Ah bueno, estaba ensayando unas poses y haciéndome unas fotos, no es nada…
-¿Me las enseñas?
-¿Cuáles?
-Las fotos, claro.
-Es, es que han quedado un pelín mal…
-Anda, Daniela, enséñamelas…
-Es que salgo… ¡fea!
-¡Cómo vas a salir fea si no eres fea!
Daniela se sonrojó y le dio la cámara a Tom. Él la encendió.
-¿Qué botón hay que tocar para verlas?
-Trae anda.
Daniela le quitó la cámara a Tom y tocó el botón para ver las fotos.
-Se pasan dándole a este.- Señalo Daniela
Tom empezó a ver las fotos. Tenía muchísimas, parecía que llevaba horas posando ante la cámara. Las primeras eran de cuerpo entero. Daniela feliz. Daniela seria. Daniela riendo. Daniela triste. Daniela… simplemente como era ella. Las siguientes eran del cuello hacia arriba. Con el pelo suelto, con coleta, con los ojos muy abiertos o con los ojos entrecerrados, con la boca cerrada o con la boca abierta… Decenas de fotos de Daniela. Y Tom las miraba con un brillo especial en los ojos. ¿De verdad sentía algo por ella? Claro, por supuesto que sí.
Tom terminó de mirarlas y le devolvió la cámara a Daniela. Él aún seguía asombrado por las fotos.
-¿Tan fea he salido?
-¡Qué dices, si son fantásticas!
Daniela volvió a sonreír. Tom la besó disimuladamente y fueron a comer.
Por la tarde Daniela editó las mejores fotos en el ordenador, junto a Tom. Ponía más claridad en sus ojos y más moreno en su rostro. Coloreaba más los labios y hacía que el pelo brillase más. Y entonces sí que quedaba guapísima.
-¿Tom, quieres que imprima alguna foto para ti?
-¡Sí!
-¿Sabes lo que significa imprimir, verdad?
-Claro, claro ya lo hice alguna vez en el orfanato, ¿eh?
Y ambos rieron. Y Daniela imprimió una foto de su cara a tamaño real, es decir, de todo el folio, y se la entregó a Tom. Él la dobló por la mitad de la mitad tras haberla mirado muchas veces, y la guardó en su cartera .

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