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24 ago. 2011

Capítulo Diez.

Tom llegó a casa y Daniela lo recibió con una cara algo triste, o podría ser de enfado. Estaba tirada en el sofá, mientras su abuelo fregaba los platos. Tom se sentó a su lado y le susurró al oído:
-¿Qué te pasa?
-Nada…
Daniela quería evitar responder a esa pregunta, y sin mirar a Tom, sus ojos empezaron a llenarse de lágrimas, pero las lágrimas se quedaron tambaleándose en sus ojos.
-Dani…
Tom la miraba fijamente, buscando su mirada. Entonces Daniela lo miró, haciendo que las lágrimas cayeran, pasando por sus mejillas, parándose en la barbilla, queriendo caer pero sin poder. Daniela le entregó una nota y se fue.
A Tom le sonaba esa nota. La desplegó. El número de teléfono de Lucía Ramos. Pero había otra nota. Con otra letra, que le sonaba más aún, la de Daniela. La abrió y la leyó “Tom… ¿qué haces con el número de otra chica? Esto sí que no me lo esperaba para nada. Daniela.”
Tom se quedó boquiabierto, y se dirigió hacia la habitación de Daniela. En el suelo, justo antes de la puerta, había un papel con un bolígrafo. Él lo entendió, cogió el bolígrafo y escribió algo. Algo que duró bastante. Tocó la puerta y metió la nota por debajo. Entonces se sentó al lado de la puerta, esperaría allí la respuesta.
Daniela miró a la puerta y vio la nota. Tenía miedo a leerla. Sabía que Tom había tardado en escribirla, porque lo oyó llegar, y desde que llegó hasta que tocó la puerta… pasó un tiempo. Y tenía miedo de su contenido, porque sabía que era larga. Finalmente la cogió y la leyó, decía así: “Dani… no, no me has entendido. Quiero pedirte perdón porque quizá no te cuento las cosas, las cosas que me pasan fuera… Ese teléfono es de una niña que he conocido en clase que se llama Lucía. Es de primero de la E.S.O., bueno, ha repetido así que de la edad de alguien de segundo. Fue ella la que me dijo lo de la profesora, es solo una niña. Y te preguntarás porque tengo su número de teléfono… pues porque ella me dijo que cuando quisiera, la llamase, para que le contase más cosas que pasaban sobre la profesora, o para cualquier cosa. Era una niña muy maja, por eso tengo su teléfono, supongo. Si quieres no le llamo nunca, y tira su número si te apetece, pero por favor, perdóname. Si quieres perdonarme, abre la puerta, he bajado pero he vuelto a subir. Estoy enfrente… tú decides.”
Daniela se sentía extraña. Sentía como si le ardiesen los ojos, como si no tuviera lágrimas pero quisiera llorar. Le picaban un poco y se los frotó, haciendo que le quedasen más rojos, de manera que parecía que había llorado de verdad. Entonces se levantó, y dejó la nota en la mesilla. Quizá sería por el agobio del momento, pero sentía algo de mareo, y poca estabilidad al caminar. Llegó hasta la puerta y puso su mano en el mango. Entonces se lo pensó, una y otra vez. Giró el mango redondo y dejó la puerta abierta, pero apoyada a su marco, y volvió a su cama, y se tumbó.
Tom vio la puerta abierta. Él estaba sentado en el suelo, pero decidió levantarse, para volver a intentar que Daniela le perdonara. Se puso de pie, y abrió la puerta, lentamente. Ella estaba prácticamente en la penumbra, con la persiana de la única ventana medio bajada y la luz apagada. Él se acercó en tinieblas y llegó a la cama. Se sentó, y buscó su cara. Estaba mirando hacia la pared contraria a la posición de Tom. Él empezó a acariciar su pelo, suavemente. Entonces ella movió la cabeza y lo miró a los ojos.
-¿Me perdonas?- preguntó Tom
Daniela se lo pensó durante un rato, aunque la respuesta la tenía más que clara:
-Claro que sí.
Tom sonrió, y ella también.
-Bueno, me voy, no vaya a ser que venga tu abuelo.
-Vale.
Tom se fue, más animado y algo más contento hacia su habitación. Se tumbó en la cama. Pensó en Lucía… si Tom no la hubiese conocido, en aquel momento no acabaría de perdonar a Daniela. Si no la hubiera conocido no habría descubierto a la actriz Lucía Ramos. Si no la hubiese conocido… no estaría en los cursillos para química, porque probablemente se habría dejado besar. O quizá tampoco estaría en el Zurbarán, porque el beso lo aterrorizó y decidió irse, todo probablemente.
Mientras Tom pensaba y daba vueltas a su cabeza, el teléfono de Daniela empezó a sonar. Sonaba desde el salón. De repente el tono de llamada paró y Daniela cogió la llamada:
-¿Sí?
-Perdone, ¿es usted Daniela Watt?
-Sí, soy yo, ¿Qué desean?
-Llamábamos para comunicarle que ya tenemos el resultado de su examen recuperado. Ha aprobado.
-¿Enserio?- Daniela estaba alucinada y feliz a la vez- ¡Qué bien!
-Sí, bueno, es que no ha aprobado solamente, sino que ha sacado la mayor nota… tiene un nueve coma seis.
-¡Genial!
-No podrá obtener la beca este año, ya se lo comunicamos, si no me equivoco.
-Sí.
-Bueno, le vamos a enviar una copia de su examen corregido por e-mail, no hace falta que venga a verlo.
-¡Perfecto! Pues… ¡gracias!
-A usted, Daniela, adiós.
-Adiós.
Para cuando Daniela colgó el teléfono, su abuelo y Tom ya estaban asomados, y ella fue la primera en hablar:
-¡He aprobado!
Y, para no levantar sospechas, se dirigió hacia su abuelo y lo abrazó.
-Genial, cariño.
-Qué bien, Daniela.- sonrió Tom.
Su abuelo volvió a la cocina y entonces Tom besó a Daniela. Ambos se sentaron en el sofá a ver la tele, y el abuelo se fue a visitar a unos amigos.
Tom y Daniela charlaban tranquilamente, cuando el móvil de Daniela volvió a sonar. Ella cogió la llamada rápidamente:
-¿Sí?
-Hola, buenos días, venimos de la agencia “Model Xpress”. Tenemos paparazzi que trabajan para nosotros, y que hacen fotos buscando a nuevos talentos por la calle. Te hemos descubierto y nos gustaría hacerte una prueba, en Madrid. ¿Está usted interesada? Le enviaremos un e-mail con la fecha y la dirección exacta.
-Pues, la verdad es que puede que asista.
-Bueno, usted lea el e-mail, que se lo enviaremos ahora, y entonces piénseselo y responda al e-mail. Pero recuerde que esto quizá sea una oportunidad única.
-Y… ¿qué tendré que hacer en la prueba?
-Toda la información estará en el e-mail.
-Pues… ¡gracias!
-A usted, bellísima.
-Adiós.
-Hasta pronto.
Daniela colgó y se quedó pensativa.
-¿Quién era?
-Me han ofrecido una prueba de modelos aquí, en Madrid. Me enviarán un e-mail con la dirección y todo lo demás. No sé si ir…
-¡Claro que tienes que ir!
-Pero, es que yo no sé nada de modelos ni nada…
-Para eso no hace falta saber nada… solo hay que ser guapa.- Tom le guiñó un ojo a Daniela. Ella rió.
-Bueno pues… si me acompañas, voy.
-¡Claro que te acompaño!
-Pues entonces, ya veremos.
Tom fingió enfadarse:
-¿Ya veremos? ¡Has dicho que sí yo te acompañaba, ibas!
-Bueno, primero leeré el e-mail-
-Bueno, vale…
Entonces leyeron el e-mail, y a Daniela le quedó todo claro. Ella tenía que ir sin maquillaje, y vestida como quisiera. Ya allí, le probarían prendas de ropa de tres tallas. Si a ella le valían alguna de las dos más pequeñas, seguiría adelante con la prueba. El segundo paso sería dejarse maquillar y hacerse tres fotos, posando de tres formas que ya les dirían. Si las fotos les convencían, irían a la tercera y última fase de la prueba: desfilar. Los jefes de la prueba recomendaban ensayar el desfile.
Finalmente Daniela decidió asistir. Lo malo era que para la prueba sólo quedaban cinco días. Comenzaba la cuenta atrás.

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